Jornada Ciudadanía Conectada

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jueves, 22 de noviembre de 2012

Su novio la grabó sin querer teniendo sexo y lo vieron 200.000 personas en Internet

Un jugador de World of Warcraft trasmitía en directo una partida de Mists of Pandaria para numerosos seguidores de todo el mundo. Tras acabar el juego, el hombre olvidó desconectar la webcam, que continuó grabando y trasmitiendo las imágenes de su habitación, incluyendo las relaciones sexuales que mantuvo momentos después con su novia.

La cámara trasmitió la relación completa de la pareja y el enlace comenzó a circular entre centenares de millares de personas en Internet. El hombre no se dio cuenta del desliz hasta la mañana siguiente, cuando fue al ordenador y vio que aún seguía trasmitiendo. Al saber que la trasmisión de sexcasting involuntario había sido presenciada por más de 200.000 personas, la novia del jugador habría roto su relación, según las fuentes que han informado del caso: el joven le habría enviado un mensaje explicando el episodio, al que ella habría respondido con un «¡te voy a matar!»

El vídeo del sexcasting fue alojado originalmente en un web de streaming y aunque ya fue borrado, varios espectadores ya lo habían grabado y publicado en webs pornográficos.

Fonte: Globo vía TelasAmigas.

Para prevenir los riesgos de las webcams


lunes, 19 de noviembre de 2012

Ataques contra la privacidad como arma de los ciberacosadores

(Reproducimos resumido y adaptado un magnífico artículo de Ángeles López para La Razón, que narra con detalle un grave caso de ciberacoso contra una mujer.)


ilustración ciberacoso violencia sexual contra la mujer a través de Internet y otras TICMás de dos años, cerca de novecientos días con sus correspondientes noches, lleva siendo objeto de ciberacoso. Un psicoterror lento, calculado y perfectamente dosificado por un depredador online dispuesto a convertir su PC, móvil o tablet en un campo de concentración. Al despertar cada mañana no sabe por dónde le puede caer la guadaña psíquica: podría ser un email intimidatorio, ver su foto –junto a su nombre, teléfono y dirección– asociados a páginas de prostitución, comprobar que su identidad ha sido suplantada en la Red o recibir decenas de llamadas y otros tantos SMS. Ha visto reducidas sus ofertas laborales «la gente recela de trabajar con alguien que puede ser problemática». «Al final el ‘‘calumnia, calumnia’’ de Molière, funciona», expresa conmocionada.


No en vano, J., el acosador, intenta cercar su vida emocional, social y laboral, falseando su identidad en Facebook, Twitter o Youtube para añadir a sus amigos, para saber de sus movimientos, e incluso se ha personado en su entorno laboral para difamarla ante sus compañeros tildándola de prostituta especializada en sexo oral... «Las amenazas y peticiones de perdón se suceden alternativamente en los distintos medios tecnológicos que poseo», refiere ella, la acosada, artista multidisciplinar, fotógrafa, bloguera y DJ de 28 años. Hasta que hace unas semanas el acoso dejó de ser virtual: en la acera y fachadas de su vivienda, se puede leer junto a un corazón graffiteado: «P. te amo».


«Tengo un pensamiento, como un ‘‘leiv motiv’’ recurrente: terminar con mi vida. No puedo más. Estoy sitiada, sin ofertas laborales porque se ha ocupado de dinamitármelas, sin ganas de salir de casa y en tratamiento psiquiátrico por estrés y ansiedad. Por no hablar de la abulia y el insomnio que padezco». El macabro ataque se ha redoblado cuando su acosador ha recibido una citación del juzgado para el mes próximo. Además, una de las tres denuncias se ha convertido en causa penal, a instancias del Ministerio Fiscal.


«Antes que ciberacosador, cualquier individuo que acomete tales prácticas es, simple y llanamente, acosador. Da igual si los motivos son ridiculizar a un estudiante (ciberbullying) o presionar a un adulto para mantener una relación: la focalización y obsesión, son idénticas, sólo que Internet se presenta como un caldo de cultivo más impune, aunque sólo teóricamente», aclara Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá, psicólogo clínico y experto en acoso. No en vano, explica, el acosador persigue aterrorizar a la víctima y no pocos están persuadidos de que tienen una causa justa para asediarla pues merece ser castigada. Cada macabro canal de destrucción psicológica tiene su intrahistoria. El inicio de este tipo de «grandes enemistades» es tan antiguo y patológico como desoír un no por respuesta.


Chica guapa de 28 conoce a un tipo que le supera en casi una década. Se toman una copa con amigos y él se lleva una negativa de ella para iniciar cualquier tipo de relación sentimental. Aunque en un primer momento se intercambiaron los teléfonos y se añadieron mutuamente a Facebook, tras un primer desencuentro, P. y sus amigos le expulsan de todos sus muros de las redes sociales. Pero su comportamiento fue de manual: falsas acusaciones para dañar su reputación, publicación de información falsa en sites –crea sus propios webs, páginas de redes sociales, blogs o fotologs para su propósito–, recopilación de información a través de amigos o compañeros de trabajo para conocer los movimientos de «su presa».


Sólo así saben el resultado de sus difamaciones; a menudo monitorizan las actividades de la víctima e intentan rastrear su dirección de IP en un intento de obtener más información sobre ésta o de que gente extraña se pueda adherir a su agresión. «El problema del acosador es que el obstáculo que les pone su víctima de no querer saber de ellos, aumenta su deseo. Cuánto más se quiere retirar ella, más se obsesiona él», resume el experto Iñaki Piñuel. «Incluso incurren en la falsa victimización y el acosador puede alegar que su presa le está acosando a él», matiza Sara Solano, directora del Gabinete Psicológico Ecubo. P. asiente al escucharlo: «Cuando se entera de que le he denunciado la primera vez, duplica sus esfuerzos: se hace pasar por mí en las redes (sociales), se pone en contacto con los diseñadores que me contrataban o con fotógrafos con los que he trabajado para decirles que soy adicta a las drogas, anoréxica o seropositiva, también que practico la zoofilia, que mantengo relaciones sexuales con mis propios padres... O me llama bajo falsas identidades para ofrecerme trabajos, hasta que me doy cuenta de que es él».


La omnipresencia y difusión instantánea de la Red provoca que el ciberacoso pueda llegar a ser tanto o más traumático que el físico: «Al levantarme, escribo mi nombre para ver qué se le ha ocurrido decir de mí: rastreo todos mis perfiles falsos para borrar todos los comentarios, sé que recibiré incesantemente llamadas o SMS, de amigos o de profesionales de mi medio, que terminan pensando que me he vuelto loca escribiéndoles salvajadas inimaginables, que por supuesto no he escrito. Provoca una vulnerabilidad total. Porque, a día de hoy, ni siquiera tengo una orden de alejamiento», explica P. Al ser una agresión no presencial, el ciberacosador no tiene contacto con la víctima, «no ve sus ojos, su dolor, con lo cual difícilmente podrá llegar a sentir empatía o tener compasión. Obtiene satisfacción en la elaboración del acto violento y al imaginar el daño ocasionado en el otro, ya que no puede vivirlo in situ», aclara la terapeuta Sara Solano. «El acosado –añade Piñuel– puede tener secuelas de por vida si no es tratado a tiempo».

Maltratar es sencillo

Para según qué tipo de acoso, no hay por qué tener ninguna pericia técnica. «Hoy día cualquiera sabe crear una cuenta de correo. Basta con que sepa tu número de teléfono para que pueda poner un anuncio en una red de contactos y saturarte el teléfono ofreciendo sexo gratis en tu nombre. A menudo tiene que ver más con una cuestión de ingenio. Otra cosa muy distinta sería querer robar datos de tu ordenador o móvil para luego publicar información privada o fotografías tuyas en cualquier página web. En ese caso sí que se necesita algo más. Por lo general un ciberacosador no tiene por qué tener ningún conocimiento técnico avanzado», explica Juan Carlos Jiménez, Ingeniero Informático y Experto en Tecnologías de la Información.


«El final de mi mundo conocido». Así denomina la propia P. el momento en que le interpone una segunda denuncia –en febrero de este año– por coacción, amenazas, suplantación de identidad y daños morales. Tras rellenar un extenso formulario en comisaría, pidió abogado de oficio, ayuda psicológica y una orden de alejamiento. Nunca tuvo noticia de ninguna de las tres cosas. Pasados los meses, y al ver que no se la llamaba para juicio, intenta informarse «y me dicen que si no voy con un abogado y un procurador no pueden informarme sobre el proceso».


Y añade: «Contraté ambas figuras legales y nos enteramos de que en lugar de como “parte” acudiré al juicio el mes próximo, sólo como víctima y testigo».


Es decir, no está personada en la causa «porque no es parte, por lo que tampoco puede tener acceso a las copias del escrito de acusación ni saber el dossier de investigación que ha recabado la Policía», resume su abogado, quien prefiere mantenerse en el anonimato, por preservar la identidad de su defendida. «Pero el Ministerio Fiscal se está portando de maravilla porque ha pasado de ser considerada una posible falta a un posible delito».


Desde el momento en que J. –operario en paro que vive con sus padres– ha recibido la citación judicial se ha ocupado de redoblar esfuerzos «torturadores» por todos los medios tecnológicos conocidos. «¿Acaso quiere su momento de gloria?... ¿Te torturo porque eres mía?», resume P.


Psicópatas que buscan el suicidio de su víctima

Rasgos propios de un trastorno narcisista de la personalidad y de un psicópata, según la suma de diversos autores. Hablamos de «un depredador moral» que plantea su relación con los demás como un juego mortal. Una partida de ajedrez en la que él mueve todas las piezas pero teniendo maniatado a su adversario.


«Acostumbran a acosar en serie, pero no en paralelo, lo que quiere decir que, por sus biografías, producirán esta conducta de forma permanente.. Primero una, luego otra, y otra –explica Iñaki Piñuel–, mientras, la víctima se siente indefensa o, en algunos casos, culpable, pero siempre sufre un aislamiento psíquico. No tienen por qué ser personas débiles psicológicamente, muy al contrario, puede ser que se enfrenten directamente a su acosador. Pero ellos siempre intentarán manipular el entorno para ponerlo de su parte».


Mientras el entorno tiende a trivializar la situación –«olvídalo», «no hagas caso»–, el individuo ejerce en un permanente gutta cavat lapidem su violencia sin huella. El fin no es destruir a su presa de forma rápida, sino someterla lentamente hasta dejarla paralizada y disfrutar del interín. Es como un crimen perfecto, porque la mayor parte de los casos no es el agresor quien mata, sino el agredido quien se quita la vida.


El suicidio es el mayor triunfo del acosador moral, lo sepa o no. «Pero conmigo no va a poder –sentencia P. con seguridad– ni me hará caer en la tentación de cometer un paso en falso como intentar comunicarme con él o infringirle yo algún tipo de daño o insulto».


La obsesión de J. y el imperativo de notoriedad frente a ella –y el mundo– obedecen a una patología social nueva. Pero, como resume la víctima a modo de despedida: «Colorín, colorado, confío en que cuando le impongan una orden de alejamiento y le caiga la condena que merece, diré que este cuento se ha acabado. Para poder por fin descansar de una vez».

El ciberacoso no está tipificado (como tal) en el Código penal

El uso de las tecnologías con el propósito de dañar a alguien de manera reiterada y deliberada tiene sus consecuencias legales. «El ciberacoso es un fenómeno moderno y, como tal, no está tipificado en el Código Penal. Aun así, la mayor parte de los delitos cometidos a través de las tecnologías de la información sí lo están. Por ejemplo, el artículo 143 del Código Penal castiga con pena de prisión de cuatro a ocho años al que induzca al suicidio de otro. No importa el mecanismo utilizado, o si se induce a éste en persona, verbalmente, por chat, por SMS. La agresión física representa sólo una pequeña parte del total de estas conductas. La justicia es siempre lenta y la creación de leyes y reglamentos aún más. No hay un tremendo vacío pero las cosas están muy lejos de ser perfectas», explica Juan Carlos Jiménez. «Lo que es casi seguro –explica Luis García Pascual, inspector jefe de brigada de investigación tecnológica– es que el ciberacosador puede pasar de la potencia al acto, es decir, de la agresión virtual, a la real».

«Sus muertes fueron como si fueran mías»

«Cuando se suicidó la chica de 15 años Amanda Todd, como esta semana al conocer la del joven holandés, lloré sus muertes como si llorara la mía propia», explica P. También se han producido otros recientes suicidios por ciberbullying y sextorsiones en los EE.UU. y Francia.


Fuente: La Razón. Adaptado por PantallasAmigas.


jueves, 9 de septiembre de 2010

Un tercio de los internautas no respeta el derecho a la imagen de sus conocidos

Según un informe de la empresa de seguridad Norton el 25% de los usuarios utiliza nombres falsos a la hora de inscribirse en redes sociales o cuando rellena formularios en Internet. El 9% miente sobre su estado civil y el 7% sobre su apariencia física.

En el estudio, que ha analizado los impactos psicológicos y de conducta que tiene en los usuarios la vida online, también se destaca que más del 20% de los internautas se arrepiente de algo que ha hecho en Internet.

Otros descubrimientos del mismo son que 1 de cada 3 internautas ha mandado correos electrónicos (o publicado en redes sociales) con fotos sin permiso de las personas que aparecen en las imágenes. Además, el 25% de los internautas reconoce que ha espiado perfiles de otros usuarios para cotillear sus imágenes.

Fuente: TreceBits

miércoles, 28 de octubre de 2009

Situaciones típicas que amenazan nuestra privacidad en Facebook

En Blogoff publicaron un interesante y útil artículo sobre cómo evitar situaciones que pueden afectar negativamente la privacidad y la conformación de la identidad digital de los usuarios de la red social online Facebook. Aquí incluimos un pequeño resumen:


  • Consejo previo general: Organiza tus amigos en listas diferenciadas (trabajo, íntimos, familia...).

  • Situación 1: Un amigo te etiqueta en una noche de borrachera. Como tienes a tu jefe agregado al Facebook, este ve la imagen antes de que tú que estás durmiendo la mona.

  • Situación 2: Has hecho un álbum con las fotos del desfile del día del Orgullo Gay en el que has participado. Tu novia accede al álbum.

  • Situación 3: No tienes problema con que te hayan etiquetado en el álbum “Despedida de soltero de Mario” en Facebook excepto por esa foto en la que sales compartiendo un hielo con la stripper.

  • Situación 4: En una entrevista de trabajo les da por buscar tu nombre en Google y aparece tu perfil de Facebook en el cual has puesto una foto tuya disfrazado como Hitler.

  • Situación 5: Cambias tu situación sentimental a soltero. Sin embargo aún no se los has comentado a tu novia que sigue enfadada contigo por la situación nº 2.

  • Situación 6: Tanto tu madre como tus amigos tienen acceso a tu perfil de Facebook y un lunes un amigo escribe en tu muro “¡Hey! Te dejaste las pelis porno en mi casa. A ver si te las acerco hoy y de paso veo a la maciza de tu madre”.

  • Situación 7: Te has hecho fan de la página “yo también he pensado en mi jefe vestido de fallera” y por azares de la vida apareces en un anuncio de esa página que se le muestra a tu jefe donde pone “fulanito es fan” siendo fulanito tu nombre.

  • Situación 8: Tan fácil como preguntarte si te preocupa o no que alguien se enriquezca recopilando la información de tu perfil a través de un test tonto de esos que haces todos los días en Facebook.

  • Situación 9: Un amigo tuyo que no lee blogoff decide probar una aplicación que rastrea quienes son sus amigos para asociarlos a determinados adjetivos como guapo, alcornoque, truhán. A tí te toca “empanado”, donde aparece tu foto y además la aplicación resulta hacer spam de una página web y de paso recoge toda la información de tu perfil gracias a que tu amigo ha decidido usarla.

  • Situación 10: Facebook llega a un acuerdo comercial con Telecinco por el que la cadena puede acceder a la información de sus usuarios. Te horroriza la idea de que Belén Esteban comente tus fotos en Sálvame y desactivas tu cuenta. Sin embargo, Telecinco sigue teniendo acceso a tus datos y acabas ilustrando los calzoncillos de Jorge Javier Vázquez.



Fuente: Blogoff.

viernes, 16 de octubre de 2009

La privacidad de las modelos, comprometida en SuicideGirls

La privacidad de las modelos que participan en SuicideGirls, un conocido web erótico alternativo, termina no siendo lo que promete la empresa, según algunas participantes.

Las chicas envían fotografías en las que aparecen desnudas al web, donde pueden llegar a ganar 500 dólares si son ganadoras en una votación entre los usuarios.

Este web nació en 2001 promoviendo un modelo de belleza alternativo y más real, en contra del estereotipo de mujer tipo Barbie impuesto por los medios. Con cinco millones de visitantes únicos al mes, es uno de los sitios más importantes en su tipo. Para ver las fotos, los usuarios deben registrarse y pagar. Cada día, chicas de todo el mundo publican sus fotos allí para convertirse en una suicide girl, que son tomadas por fotógrafos que colaboran con el web, y que no suponen ningún gasto para las chicas.

Kyhte es una joven extranjera de 22 años que vive en Argentina desde hace tres. Ella fue una suicide girl que ganó dinero con sus fotos. Pero hace un tiempo lo dejó porque, si bien en un principio el sitio tenía una idea de publicar fotos de chicas alternativas, con el tiempo se convirtió en una especie de Playboy cualquiera para ganar plata. Tampoco le gustó la política de derechos del sitio sobre las fotos: La privacidad no termina siendo lo que ellos prometen.

El sitio funciona además como una red social donde los usuarios se ponen en contacto a través de blogs, foros o chats. Para la psicoanalista María Cristina Castillo, la conducta de estas chicas responde a una transgresión en la que no tienen conciencia del riesgo y del peligro. Y explica que hay una cuota de narcisismo por el gusto de ver el propio cuerpo. No registran que el mostrarse así tiene una inscripción de la sexualidad que las deja en un punto de exposición bastante fuerte, sin mezclar lo moral, agregó Castillo. Por último, hace un llamado de atención a los padres: Acá pasa algo con los adultos, los chicos manejan un montón de información que los padres no tienen idea. Pero la mirada del adulto tiene que estar.

Fuente: Noticias Paraná